La tortuga y la liebre

El cuento de la tortuga y la liebre es una fábula de animales que refleja:

toda acción tiene una consecuencia, por eso tenemos que pensar antes de actuar.

Que me perdone el autor de esta fábula «aumentada», pero no sé quién es….

Merece la pena invertir 5 minutos en leerla y 10 min en releerla y disfrutarla….

El comienzo de la fábula es por casi todos conocido…

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para solucionar la disputa decidieron hacer una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron a correr. La liebre arrancó a toda velocidad y corrió rápidamente durante un tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato y recuperar fuerzas, pero pronto se durmió.

La tortuga, que andaba a paso lento, la alcanzó, la superó y ganó la carrera.

Moraleja 1: los lentas y estables ganan la carrera.

Pero la historia no termina aquí…

La liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la habrían vencido. Entonces desafió a la tortuga a una nueva carrera.

Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja 2: los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

Pero la historia tampoco termina aquí….

Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Tal como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso desafió nuevamente a la liebre. Esta vez le propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró un ancho río en su camino. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba “¿Qué hago ahora?”, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja 3: quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla llegan los primeros.

La historia, sin embargo, tampoco termina aquí….

El tiempo pasó y tanto compartieron la liebre y la tortuga que terminaron haciéndose amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corrieron en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre en su caparazón y, en la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta llegar a la meta.

Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron mayor satisfacción que la que habían experimentado con sus logros individuales.

Moraleja final: es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales, pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos… y ¡obtenemos mejores resultados!

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Elda Aravena

Señorita Rocío López

Casi no me acordaba de esta fábula. Gracias por su interpretación. Disfruté mucho leyéndola.
Espero leer otras de sus contribuciones.
e.

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