Hace tiempo escribía sobre la Brecha Digital. Hoy quiero retomar este tema. Empiezo compartiendo un vídeo:

Es mi hija pequeña con 2 años el primer día que cogió mi Ipad. Increíble como hace el puzzle ¿verdad?
Hoy, un año después escucha cuentos, aprende vocabulario en inglés, hace fotos y muchas cosas más.

Y estoy convencida que, con una orientación y dosis adecuada las Nuevas Tecnologías no hacen más que sumar. Para comunicar, para compartir, para aprender, para ejercitar, para gestionar, para acompañar, para estudiar, para descubrir, para atender, para crecer, para un largo etc. Vemos multitud de ejemplos del buen uso de las tecnologías cada día.
Pero, por otro lado, todavía son muchos los adultos que escogemos el móvil en función de su sencillez y que utilizamos las tecnologías de la información cuando “no hay más remedio”. O hay quien no “se fía” o no le convence eso de tener sus datos “en la nube” o compartir a través de redes sociales.

Y nuestros abuelos o padres aunque siguen prefiriendo la comunicación “real” a través de medios tradicionales. Pero… cuando tienen y entienden Whatsapp de pronto sus seres queridos están más cerca, dándoles cariño, aunque sea a través de la pantalla del móvil. Y eso les hace felices, a sus visitas “reales” le suman los “Buenos días” y “Que descanses” en el móvil.

Sin duda, la brecha digital es evidente y supone uno de los mayores quebraderos de cabeza para los países desarrollados.

Me gustaría repasara qué dice la literatura respecto a la brecha generacional, definiendo tres o grupos claramente diferenciados (y muy lógicos). ¿En qué grupo te encuentras tú?